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09 octubre 2008

Mal día

Ayer me contaron una de las historias más tristes que he podido escuchar en mi vida.
Había una vez una niña, pequeña, ingenua hasta el punto en que los niños lo son, que tenía una cuidadora, o chica, anteriormente llamada chacha. Esa "chica" tenía una costumbre, afición o malgusto, escuchaba siempre a esta cantante, Mari Trini.

La niña, ingenua, pequeña, creía que el extenso e inabarcable mundo de la música se circunscribía a esta señorita, Mari Trini, con esa voz temblorosa y ronca, y ese gesto de asco permanente.

Esa niña, ingenua, pequeña, escuchaba una y otra vez esa voz temblorosa y ronca, pensando que las siete notas y todas sus variables se habían inventado para que la voz temblorosa y ronca la ejecutara.

Afortunadamente la "chica", que además de no tener gusto era cruel, salió de esa casa para siempre y la niña, cual secuestrado en zulo rompiendo la pared de su cautiverio, pudo descubrir que los sonidos armónico, melódicos y esdrújulos, podían alcanzar cotas de gloria mayor que la de la cantante de voz ronca y temblorosa.

Una prueba

1 comentario:

Salve! dijo...

Dios santo, crueldad insuperable!!